Autor: aspasi

Estudios sobre ASI: Dolor abdominal

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Cuando a un niño o niña le duele la tripa de forma file0001527321384frecuente sin una causa que lo provoque puede que su cuerpo se esté ‘quejando’ de otro tipo de sufrimiento, el que ocasionan los malos tratos, de acuerdo a un estudio dirigido por Miranda van Tilburg, de la Universidad de Carolina del Norte (EE.UU.).

Su investigación se basó en los cinco ‘Estudios Longitudinales de los Niños que han sufrido Malos Tratos o Negligencia’, realizados con 1.354 menores víctimas de distintos niveles de abusos físicos, psíquicos o sexuales o con alto riesgo de padecerlos, centrándose en 845 niños que tenían dolores abdominales, a los que hicieron un seguimiento desde los dos hasta los 12 años de edad.

“Entre un tercio y la mitad de los pacientes adultos que acuden a consulta de gastroenterología tiene una historia de abusos”, han comentado los autores de la investigación en ‘Annals of Family Medicine’, en 2010.

Según la doctora Tilburg hay “una conexión cerebro-intestino por la que el dolor influye en el estrés y éste causa dolor, y los malos tratos son muy estresantes”.

Sus datos revelan que “los niños que han sufrido abusos tienen un elevado riesgo de sufrir síntomas gastrointestinales comparados con los que no fueron abusados” y que “el abuso sexual y los dolores de vientre son más comunes en las niñas que en los niños”.

Conferencia y curso en el Colegio Oficial de Psicólogos

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Detección, Prevención e Intervención del Abuso Sexual Infantil

Conferencia gratuita

Martes 5 de mayo de 19 a 20:30h
Dirigido a: Estudiantes, licenciados/as o graduados/as en Psicología o Medicina y Psicólogos especialistas en Psicología clínica.
Imparte: Margarita García Marqués, psicóloga clínica especializada en comunicación, autoestima, infancia y abuso sexual infantil.
Lugar: Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid – Cuesta de San Vicente, 4 – 5ª planta.
Información e inscripciones, pincha aquí: Conferencia: El abuso sexual infantil: detección, secuelas psicológicas y tratamiento

Curso

Martes 26 de mayo y 2, 9, 16 y 23 de junio de 17 a 21h
Dirigido a: Estudiantes, licenciados/as o graduados/as en Psicología o Medicina y Psicólogos especialistas en Psicología clínica.
Imparte: Margarita García Marqués, psicóloga clínica especializada en comunicación, autoestima, infancia y abuso sexual infantil.
Lugar: Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid – Cuesta de San Vicente, 4 – 5ª planta.
Información e inscripciones, picha aquí: Curso Abuso sexual infantil: detección e intervención en niños/as

Taller ASI para adultos COP

Estudios sobre ASI: Cardiopatías

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jealous-heartLas mujeres abusadas sexualmente cuando eran niñas corren un 62 por ciento más de riesgo de tener problemas cardíacos en la adultez que aquellas que no han sufrido esa experiencia, según una investigación estadounidense presentada ante Asociación Americana del Corazón en 2011 y que resalta los efectos físicos duraderos del abuso sexual en la infancia (ASI).

La mayor parte de este efecto se relaciona con las estrategias de supervivencia de las abusadas, como el consumo excesivo de alimentos y alcohol, y el tabaquismo, así como sus mayores tasas de obesidad, hipertensión y diabetes, que representan el 37 por ciento del aumento del riesgo cardiovascular entre las participantes en el trabajo que habían sido víctimas de ASI.

“El mayor factor que explica la relación entre el abuso infantil grave y la enfermedad cardiovascular adulta es la tendencia de las niñas abusadas a engordar durante la adolescencia y la adultez”, indica Janet Rich-Edwards, del Hospital ‘Brigham and Women’s’ en Boston, directora del estudio.

Su equipo analizó datos de más de 67.000 enfermeras. El 9 por ciento de ellas habían reportado abuso físico grave y el 11 por ciento reportó haber sido violada en su niñez o adolescencia. Aquellas que sufrieron episodios reiterados de sexo forzado en la infancia o adolescencia mostraron una elevación muy importante de sus posibilidades de sufrir un infarto cardíaco o un ataque cerebral más adelante.

Estudios sobre ASI: Alteraciones genéticas

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Un grupo de investigadores observó cambios claros en los cerebros de IMG_3761personas que habían sido abusadas cuando eran pequeñas y que se habían suicidado, ayudando a respaldar las teorías que señalan que el abuso infantil –entendido como la violencia física severa, el rechazo o abandono grave y el abuso sexual- puede alterar los genes y causar daños durante toda la existencia.

El doctor Michael Meaney, de la Universidad McGill, en Montreal (Canadá) y sus colegas, examinaron los cerebros de 36 personas que murieron repentinamente: 12 suicidas que tenían una historia conocida de abuso, 12 víctimas de suicidio sin antecedentes aparentes de abuso y 12 personas que fallecieron  en accidentes.

El equipo observó cambios en los genes relacionados con el denominado eje hipotálamo-pituitaria-adrenal (HPA), el cual cuando se altera puede perturbar la gestión del estrés en la edad adulta y provocar el desarrollo de psicopatologías.

“En los humanos, el abuso infantil altera las respuestas al estrés del HPA y aumenta el riesgo de suicidio”, escribió el equipo de Meaney en su informe, publicado en la revista Nature Neuroscience, en 2009.

Las víctimas de suicidio con antecedentes de abuso tenían menos actividad en un gen llamado receptor glucocorticoide específico de las neuronas o promotor NR3C1, comparado con quienes habían sufrido muertes accidentales y no habían sido abusados.

Aspasi en Gestiona Radio

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Aspasi esta mañana en Gestiona Radio con Jaume Segalés, en un espacio dedicado a labores sociales.

Para escucharlo, pincha aquí.

 

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Estudios sobre ASI: Alexitimia

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Experimentar abusos sexuales en la infancia puede determinar la capacidad para reconocer y expresar las propias emociones en la vida adulta, según  demuestra un estudio publicado en 2008 en ‘Psychotherapy and Psychosomatics’.

iuiuEsta dificultad para tomar conciencia de las propias expresiones fisiológicas o para entender su significado emocional se conoce como alexitimia. Este desorden se caracteriza por la dificultad para distinguir entre los sentimientos y las sensaciones corporales propias de lo emocional, y para identificar y describir los sentimientos, por la limitación de los procesos imaginativos (ausencia de fantasías y ensueños) y por un estilo cognitivo orientado hacia lo externo y concreto.

En el estudio de los investigadores Bob Bermond (Universidad de Amsterdam), Peter Moormann (Universidad de Leiden), Francine Albach (Centro Pionero de Psicoterapeutica de Amsterdam) y Annemieke van Dijke (Hospital Psiquiátrcio Delta de Poortugal), todos en los Países Bajos, participaron 76 mujeres que habían sufrido abusos sexuales infantiles (ASI), cuya capacidad para expresar sus emociones se evaluó mediante un cuestionario llamado ‘BVAQ’.

Al comparar las respuestas de las mujeres abusadas con las de un grupo control, se observó que las víctimas de ASI presentaban una buena capacidad de imaginación pero serias dificultades para verbalizar, identificar y analizar sus emociones, lo cual –según los holandeses- apoya la idea de que los ASI son determinantes para el posterior desarrollo de una alexitimia.

Detente

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El pasado viernes se presentó un gran Captura de pantalla 2015-02-11 a la(s) 10.38.02testimonio en la librería Mujeres y compañía de Ópera, en Madrid. La autora conocida con el seudónimo de Leiza González Gonza ha dado a conocer su experiencia personal y totalmente verídica con la editorial Edítalo Contigo. El libro se titula ‘¡Detente!’ y cuenta paso a paso una historia de sufrimiento, pero especialmente de superación y de esperanza. Está escrito desde el anonimato para proteger a sus allegados, no por vergüenza.

“La idea de escribir mi experiencia surgió hace dos años, cuando vi cómo se abordaban los malos tratos en los medios de comunicación, sin saber realmente de lo que se estaba hablando”, así explica Leiza el nacimiento de este proyecto. Asegura que se siente más liberada al haber contado al mundo lo que ha vivido, aunque el objetivo crucial del libro es concienciar a la sociedad, enseñar qué es en verdad “lo que hay detrás de una paliza”, y sobre todo, demostrar que es posible salir adelante y ser feliz.

Aunque está exento de regodeos, morbo y dramatismo, el texto muestra malos tratos, abusos sexuales, momentos de angustia y de soledad, pero todos narrados desde la perspectiva de una niña, revelando sus pensamientos, sus emociones y el modo en que ella vivió y superó aquellas situaciones. “Cuándo mi tío abusaba de mí” – recuerda Leiza – “lo de menos, era el daño físico”. Cuenta cómo aprendió a abstraerse, a salirse de sí para que no la dañaran más, y cómo logró poner punto y final a ese “infierno”.

Captura de pantalla 2015-02-11 a la(s) 10.38.34La segunda lucha presente en esta historia es la que llegó cuando “la casa de los horrores” ya formaba parte del pasado, aquella que debió librar consigo misma. “Llegado un punto, me di cuenta de que no puedo basar mi futuro en el pasado, no puedo vivir basada en el odio”, concluye la autora. Recalca además que en toda situación siempre hay algo positivo, por increíble que parezca: “Todas las situaciones, aunque sean increíbles, tienen algo bueno. Yo de esto, aprendí lo que nunca se debe hacer”.

En esta narración encontraremos momentos de auténtica soledad, de unión, de impotencia, y de una perseverante lucha, que a la larga, sin duda, ha merecido la pena. Uno de los capítulos comienza con la siguiente frase: “Me di cuenta de que la percepción que yo tenía de la vida no era ni había sido la correcta, era solo la que me habían enseñado”.

Ante la pregunta de “¿cómo has conseguido salir adelante?” responde: “a base de superación y de decir: ¡no vais a poder conmigo!”. Leiza aprovecha para enviar un mensaje muy concreto a las personas que están padeciendo abusos y maltrato: “no están solos, no son los únicos, y se les puede ayudar”. Ella resume así sus perspectivas de futuro en la lacra del maltrato: “Hay mucha gente dispuesta a ayudar a los demás, y eso tiene que dar su fruto”. Y así, recalca la importancia de prestar atención a aquellas posibles víctimas que nos rodean, a tratar de comprender a aquellos que piden ayuda en silencio y aprender a “ver, no solo mirar; y escuchar, no solo oír”.

Por último, con este libro, Leiza intenta demostrar que hay un momento de superación, que en algún momento habrá salida. Y que a pesar de todo, hay que quererse y querer a la vida. “Teniendo la vida, lo tienes todo, tienes días buenos y días malos”, insiste la autora. Pero, tal como reza en su libro: “Si no tienes la vida, no podrás disfrutar de nada” y “lo que no te mata, te hace más fuerte”.