Terapia para ASI: cómo pedimos ayuda (3)

En esta serie de seis vídeos seguimos las distintas fases de terapia de un hombre, representado por un actor, que aborda los abusos sufridos en su infancia.

Después de la fase de ocultación, este hombre pasa a contarlo en cualquier momento y situación, esperando apoyo pero en realidad exponiéndose al rechazo de los demás. Es importante que aprenda a seleccionar bien los momentos, las personas y los lugares para protegerse y poder recibir comprensión.

Si has sido abusado en la infancia, pide ayuda. Sanar es posible.

Aspasi en Infiltrados, de Cuatro

Aspasi en Infiltrados, de Cuatro

La semana pasada por la noche emitieron un programa con el que colaboró Aspasi el año pasado y ya tenemos el enlace para poder compartirlo con vosotros. Aunque habríamos escogido otro título para el programa, queremos dar las gracias a Cuatro por interesarse una vez más en mostrar este tema.

El programa contiene información muy interesante y os recomendamos que lo veáis y utilicéis esta información para ayudar a prevenir los abusos hacia los menores que tengáis cerca.

http://www.mitele.es/programas-tv/infiltrados/temporada-1/programa-9/

 

Encuentros en Navidad: cuando el abuso está dentro de la familia

Al llegar diciembre, una pregunta frecuente en el GAM es: ¿Cómo os sentís teniendo que ver a la familia e incluso a vuestro agresor en Navidad?

En estos días en que las familias se reúnen es muy frecuente que se junten abusados y abusadores. En algunas familias el secreto ha salido a la luz, se ha hablado y ya se ha trabajado en ello para recolocarlo. En estos caso el encuentro es posible porque el dolor, o su mayoría, ya está sanado.

La mayor dificultad llega cuando el abuso se ha contado, pero la familia se divide entre los que creen a la víctima y los que se posicionan del lado del abusador. Las relaciones entonces están llenas de tensión, malestar y un gran dolor por la incomprensión y la deficiente comunicación. Pero, a pesar de que no es fácil, muchas familias se siguen reuniendo en nochebuena.

Cuando no se ha contado a la familia y sigue siendo un secreto, es la persona que sufrió los abusos la que tendrá que gestionar sola las emociones que se le despierten. Esto a veces no es nada fácil y cada persona debe poner en la balanza las posibles consecuencias y si le compensan.

En los encuentros familiares, podemos preguntamos si es el momento de desvelar lo que sucedió y, ante esa cuestión, es necesario plantearnos qué pasaría si soltamos esta “bomba” en la familia: cómo van a reaccionar, si nos van a creer y apoyar, si estamos preparados y nos sentimos fuertes para cualquier reacción de nuestra familia, si podemos generar un beneficio (como soltar nuestro peso o proteger a otros niños), o si podemos causar dolor sin beneficios (si el abusador ha fallecido y no hay otros niños a los que proteger), etc.

Ahora somos adultos, tenemos herramientas para defendernos y podemos hacerlo. Pero si aún no nos sentimos así, lo mejor es pedir ayuda de amigos o familiares o de un profesional que nos ayude prepararnos para lo que pueda pasar y estar seguros de los pasos que demos.

En cualquiera de los casos, las reuniones familiares deben ser para disfrutarlas pero, si van a ser una fuente de sufrimiento, cada uno puede y tiene derecho a ser fiel a sí mismo para decidir qué es lo mejor en cada momento, más allá de obligaciones familiares.

En conclusión, lo más importante eres tú, escucharte, cuidarte y respetar tus decisiones.

Qué hacer si creemos que nuestro hijo/a está siendo abusado o si nos lo cuenta

El abuso sexual es una intromisión en el espacio vital y saludable del niño, que le impide crecer con confianza, despertar su cuerpo con naturalidad, abrirse a su propia sensualidad, a sus sentidos y a su disfrute. Estimula al niño cuando aún no está preparado física ni psicológicamente para gestionar la sexualidad y lo puede predisponer a seguir buscándola en otras personas, con el riesgo de ser gravemente dañado. El niño no conoce ni entiende lo que le están haciendo. En muchos casos, si no recibe el tratamiento adecuado, pueden quedar en él secuelas duras y difíciles de superar que van desde fracaso escolar, indefensión o baja autoestima, hasta depresión, alcoholismo, drogadicción, huida del hogar, autolesiones, enfermedades psicológicas e incluso tentativa de suicidio.

La forma de sanar el abuso depende de diversos factores: la personalidad del pequeño, el grado de agresión de que ha sido objeto el niño, su edad, de que lo pueda verbalizar, del apoyo que encuentre en su familia, de la cantidad de veces que ocurre, de la proximidad del abusador… En mi experiencia como psicóloga, he visto cientos de casos y ninguno es igual a otro pero el denominador común es que, si se detecta en el momento en que está ocurriendo y se actúa de la forma adecuada, las secuelas pueden ser mínimas y sanarse con facilidad. Para ello hay que estar atento a las pequeñas informaciones o señales que nos da el niñ@ en el día a día y que son indicios de un posible abuso.

El niño puede verbalizar el abuso pero en la mayoría de los casos no lo cuenta con palabras sino con comportamientos: un niñ@ abusado puede mostrar antipatía -o incluso miedo y terror- hacia una persona determinada, puede mostrarnos heridas en sus genitales o molestias, estar más irascible, agresivo o deprimido, puede bajar las notas del colegio o mostrarse ausente. También puede tener juegos sexuales no normales para su edad o mostrar demasiada compulsividad y puede sufrir mucha ansiedad o angustia hacia ciertas actividades o formas que le recuerden el trauma. Los adultos podemos estar receptivos y observar estos síntomas con los que nos van contando lo que les sucede.

Cómo actuar

Cuando un niño verbaliza una situación de abuso es muy importante primero respirar profundamente para mantener la calma ante él o ella, decirle que le creemos y agradecerle que haya confiado en nosotros para contárnoslo. No debemos responsabilizarle ni culparle por ello y podemos decirle que gracias a él/ella vamos a intentar que no se lo haga a otros niños. No debemos asegurarle que le vamos a proteger y que nunca más le volverá a suceder ya que, en muchas ocasiones, no está en nuestras manos. Pero sí podemos asegurarles, en un lenguaje que entiendan, que vamos a ayudarles en todo lo que podamos o que vamos a hablar con el abusador para que sepa que lo que hace no está bien.

Si sospechamos que pueda estar siendo abusado debemos indagar con calma, enumerar lo que vemos e invitarle a contarnos cualquier cosa que no les haga sentir bien. Por ejemplo: “últimamente te estoy viendo más nervioso”, “veo que tus notas han bajado”, “parece que tienes más vergüenza o te escondes”, “parece que no te apetece ya quedarte con esa persona”… ¿te pasa algo, quieres que hablemos de ello?” También podemos preguntarle: “¿te ha pasado algo?, o ¿hay algún problema que tengas con esta persona?. Si es así, me gustaría que me lo contaras…”

Probablemente el niño responda con frases como “es que me hace cosas que no me gustan”, o “es que me obliga a…”. En ese caso, conviene que los padres no “adivinen” lo que sucede sino que hagan preguntas abiertas que no incluyan ninguna respuesta y le dejen tiempo para expresarse. Por ejemplo: “¿quieres contarme qué cosas te hace que no te gustan o a qué te obliga?”. Si el pequeño sigue callando podemos animarle a hablar poniéndole ejemplos que no tengan que ver con el abuso sexual, como: “¿te obliga a comer algo que no te gusta, a andar mucho o a romper cosas?”.

Los padres deben ser muy pacientes e invitar al niño a hablar, a que cuente con sus palabras lo que está ocurriendo. Es posible que diga cosas como “es un secreto que no te puedo contar”, “si te lo cuento te vas a enfadar mucho conmigo”, “él se va a enfadar mucho conmigo” o “es que no te quiero preocupar…”.

Lo cierto es que algunas veces los niños tratan de protegernos para que no suframos, por lo cual no nos quieren contar lo que ocurre. En ese caso hay tranquilizarle y asegurarle que nosotros vamos a quererle y apoyarle en cualquier circunstancia. Podemos enseñarle la diferencia entre los “buenos y malos secretos”, y que si ese secreto le está haciendo sentir mal tiene que contárnoslo, porque nosotros, que somos mayores, trataremos de encontrar la mejor solución o de buscar a alguien que nos ayude.

La forma en que el niño es escuchado y acogido es importante porque le hará ver que estamos ahí acompañándole sin presionarle ni juzgarle. Una vez hemos hablado con él o ella, podemos volver a decirle cosas como “gracias cariño”, “me alegro mucho que me lo hayas contado”, “estoy muy orgullosa de ti”, “ahora buscaremos una solución para que esto no siga ocurriendo…”. Hay que mostrarle lo orgullosos que estamos de él o ella por habérnoslo contado y recalcar el coraje y la fuerza que han tenido al contarnos lo que ocurre.

Por último, es importante no victimizar al pequeño ni transmitirle que es un hecho dramático, sino algo duro que puede superar. Es el momento de buscar ayuda profesional especializada que explore cómo se encuentra el niño o niña y que le ayude a superarlo de la mejor manera. También podemos solicitar ayuda en una oficina de Protección de Menores. Si no podemos protegerle de futuros abusos, es especialmente importante buscar ayuda psicológica para ellos.

Margarita García Marqués, psicóloga clínica especialista en comunicación, autoestima, infancia y abuso sexual infantil.